La luz azul se ha convertido en un fenómeno mediático que genera controversia.

Por un lado están los que niegan cualquier relación entre esta radiación y los problemas oculares. Por otro lado están quienes insisten en el riesgo, a veces de manera un tanto alarmista.

¿Es la luz azul peligrosa?, ¿está justificada la alarma?, ¿cuáles son los riesgos? en este artículo intentaremos explicar qué es lo que se conoce como luz azul y porqué creemos que es importante.

La luz azul es una radiación muy próxima a radiación UV y, en algunos aspectos, se le parece mucho.

Solemos dividir los efectos de la radiación UV en el ojo en dos categorías:

  • Los daños a corto plazo (fotoqueratitis) son fáciles de establecer: la relación causa/efecto es clara.
  • Los efectos a largo plazo (pinguécula, pterigion, cataratas, DMAE, carcinomas, etc…), sin embargo, requieren de mucho tiempo para probarse y, durante todo ese tiempo, hay otros factores que dificultan esa relación de causalidad.

Con la luz azul nos ocurre algo parecido. Se ha demostrado que la luz azul tiene efectos adversos sobre la estructura celular en estudios in-vitro y animales vivos. Además la luz azul de las lámparas de iluninación LED también degrada rápidamente los pigmentos orgánicos de las piezas de exposición en los museos, lo que ha favorecido la investigación de lámparas que emitan menos luz azul.

En humanos, los síntomas a corto plazo son fáciles de identificar: irritación ocular, cansancio, pesadez, falta de concentración, etc…

Sin embargo, los efectos a largo plazo son más dificiles de demostrar, es por ello por lo que, en ciertas áreas, tenemos que hablar de que “sospechamos” de tal o cuál peligro porque la evidencia científica no estará disponible hasta dentro de mucho más tiempo.

La luz azul de las lámparas LED también degrada rápidamente los pigmentos orgánicos de las piezas de exposición en los museos, lo que ha favorecido la investigación de lámparas que emitan menos luz azul.

Así que tenemos una evidencia clara de que la luz azul puede causar la degradación y muerte celular en organismos vivos y la sospecha de que también afecta al ojo humano si se le somete a esta radiación.

 

Pero empecemos por el principio:

Luz y radiación

Lo que llamamos luz es un conjunto de radiaciones situadas, de media, entre los 380nm (extremo azul-violeta) y los 750 nm (extremo rojo).

Es una parte mínima del espectro electromagnético, pero suficiente para contener todas las longitudes de onda entre esos dos extremos que experimentamos como “colores”.

Espectro electromagnético visible e invisible

Esta estrecha franja de luz visible divide en dos el espectro electromagnético: hacia la izquierda, las longitudes de onda más cortas, nos encontramos con radiaciones cada vez más energéticas y peligrosas: rayos UltraVioleta (UV), rayos X, rayos Gamma, etc…

Hacia la derecha nos encontramos con radiaciones cada vez más largas y consideradas relativamente inocuas (aunque sobre esto no hay un consenso total): los InfraRojos (IR), las ondas de Radio, etc…

La luz “blanca” y luz azul

La luz que vemos como “blanca” es el resultado de la suma de innumerables longitudes de onda, muchísimos rayos de luz de colores que, al sumarse, dan como resultado la percepción del color blanco.

Aproximadamente un 25% de la luz blanca que nos rodea es luz azul. Es un componente natural y necesario de la luz y su longitud de onda se encuentra entre los 380nm y los 475nm aproximadamente.

La luz blanca se compone de un 25% de luz azul

La luz azul tiene sus beneficios como vamos a ver seguidamente. Sin embargo, las radiaciones más energéticas son fuente de problemas y se ha demostrado que una parte de la luz azul puede resultar peligrosa si se abusa de ella – y hoy en día es muy común abusar de ella -.

En concreto, nos referimos a la luz azul más extrema, muy cerca ya de la luz UV. Por ello distinguimos dos tipos de luz azul:

Luz azul turquesa

Luz azul-turquesa

La luz azul-turquesa, de longitud de onda más larga es beneficiosa:

  • Sirve para que nuestro cerebro sincronice el ritmo biológico del cuerpo con los ritmos cíclicos naturales (luz, temperatura, etc…) a través de los ritmos circadianos, esta “puesta en hora” cíclica se da también en personas ciegas, ya que este mecanismo no recorre las vías de la visión. 
  • La luz azul-turquesa es un tipo de luz que nos “activa” y nos anima. Puede incrementar el rendimiento y la capacidad de aprendizaje.
  • Además se sabe que la luz azul-turquesa tiene un rol importante en el reflejo de constricción de la pupila: un reflejo que ayuda a proteger los ojos de la radiación solar.
Luz azul violeta

Luz azul-violeta

Hay datos que indican que la luz azul-violeta, la parte más extrema del espectro visible, puede ser nociva:

A corto plazo:

  • La luz próxima al UV es causa de cansancio y estrés visual

A largo plazo:

  • La gran energía de este tipo de luz extrema puede dañar la retina y acelerar la aparición de DMAE, una de las principales causas de ceguera en el mundo.
  • Se sospecha que la luz azul-violeta, igual que la radiación UV, ayuda a la formación de cataratas.

Nuestros ojos han evolucionado para protegerse de la luz azul

Curiosamente, nuestros ojos cuentan con cierta protección contra la luz azul:

Por un lado, lo cierto es que apenas tenemos receptores para el color azul en el ojo: los conos sensibles a las longitudes de onda azules suponen sólo un 2-3% del total, en comparación con un 32% para el verde y un 65% de los conos que responden al rojo. Esta falta de receptores físicos de la luz azul se compensa por un sistema de amplificación de la señal azul de manera que nuestra percepción del color azul es, finalmente, comparable a la del verde y el rojo.

Por otro lado, si nos fijamos en la distribución espacial de los tres tipos de conos (verde, azul y rojo), veremos que sólo los conos verdes y rojos están presentes en la fóvea: no hay receptores del color azul en la parte más central del ojo, la que nos permite ver el detalle de las cosas.

La cantidad de luz azul que llega a la retina se minimiza también debido a que los pigmentos que confieren a la mácula su tonalidad amarillenta ayudan a filtrar las longitudes de onda más cortas. Además, conforme avanza la edad, el cristalino también adapta paulatinamente una coloración amarilla-parda que ayuda a filtrar la luz azul.

La protección natural con la que cuentan nuestros ojos, sin embargo, puede no ser suficiente cuando los sometemos a un flujo continuo de luz azul.

Principales fuentes de luz azul

La luz azul que llega a nuestros ojos proviene de tanto del sol como de la luz artificial.

Este es el espectro de la radiación solar UV y visible que llega a la superficie de la tierra a mediodía.

Históricamente el sol ha sido la única fuente de luz azul durante millones de años. Nótese la distribución de la radiación solar en estas frecuencias formando un contínuo, con un máximo en los colores azules y disminuyendo progresivamente hacia las longitudes de onda más largas.

Para lograr una protección en exteriores óptima, marcas de gafas de sol “premium” como Serengeti y Costa del Mar ofrecen una protección del 95% de la luz azul.

El diagrama superior representa el espectro de emisión de un diodo LED típico.

Los LED que utilizamos hoy en día para pantallas e iluminación tienen su máxima emisión en las longitudes de onda de los azules. Para que puedan representar otros colores se les aplica un tratamiento fluorescente que permite que emitan también gran cantidad de otros colores.

A pesar de estos tratamientos, el pico de radiación azul alrededor de los 450 nm sigue siendo muy alto y puede ser fuente de problemas visuales.

Las pantallas actuales emiten gran cantidad de luz azul

Las pantallas actuales emiten gran cantidad de luz azul

La tecnología LCD/LED supuso una gran revolución para lámparas y pantallas: más delgadas, más ligeras, más brillantes y más eficientes energéticamente, las ventajas de esta tecnología ha producido un cambio drástico en la luz que nos rodea. Pero no todo son ventajas.

Adaptadas para su uso en pantallas de ordenador, televisores, paneles, lámparas, tabletas y smartphones, los LED son auténticos aspersores de luz azul: tanto, que incluso después de tratarlos con elementos fluorescentes, siguen mostrando un pico de emisión de luz azul muy pronunciado, como se muestra en el gráfico.

Este hecho se ve agravado por dos factores adicionales:

  • La distancia del ojo a estas fuentes de luz suele ser reducida: piensa que la distancia media a la pantalla de un ordenador es de unos 70 cm, a una tableta unos 50 cm o a la pantalla de un móvil 33 cm.
  • Todos estos elementos forman parte de nuestro trabajo y/o ocio, y nos pasamos muchísimas horas frente a ellas.

Cuando “mucho” se convierte en “demasiado”: qué problemas nos puede causar la luz azul

La sobreexposición a la “luz azul” puede ser peligrosa y nos afecta de varias maneras:

  • Altera nuestro ciclo de sueño/vigilia: la excesiva exposición a la luz azul puede interferir con la producción de la hormona melatonina, produciendo un estado de vigilia más prolongado. Por su parte, una menor producción de esta hormona puede alterar el metabolismo de la glucosa aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
  • Nos provoca síntomas de cansancio y estrés visual.
  • A largo plazo puede provocar alteraciones en las células de la retina del ojo. Estos cambios se han asociado a enfermedades como la DMAE.
  • Se sospecha que la luz azul-violeta ayuda a la formación de cataratas.

Ciertamente desconocemos todavía los mecanismos concretos mediante los cuáles la luz azul actúa y quedan por aclarar muchas cuestiones a cerca de la seguridad a largo plazo de las tecnologías actuales de visionado. De ello se encargarán los diferentes estudios que actualmente están en marcha.

Tenemos a nuestra disposición herramientas para protegernos de la exposición contínua de luz altamente energética a la que estamos sometiendo nuestros ojos. Utilicemos la tecnología de modo responsable.

Actualmente, existe un consenso entre los profesionales de la visión al hablar de los daños que sufre el ojo por la radiación de alta energía que llamamos “luz azul”, sin caer en el tremendismo.

Los daños que puede causar la luz azul son dosis-dependientes, pero desconocemos qué dosis de radiación es segura y cuál no. Por lo tanto me parece razonable optar por la opción más segura: protegerse de la radiación extrema azul-violeta.

En un próximo artículo hablaremos a cerca de las distintas formas a través de las cuáles nos podemos proteger de la luz azul. Hay soluciones para todos los gustos y bolsillos, incluso herramientas gratuitas para evitar una exposición excesiva. Optar por unas u otras es una cuestión de elección personal.

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